La graduación
viernes, 25 de mayo de 2012
Parece que fue ayer cuando te dejé en el colegio por primera vez,
dos coletitas y unos ojos despiertos recorrían curiosos cada tramo del patio.
Como si fueras una veterana, cogiste de la mano a una niña que lloraba sin consuelo
y la colocaste junto a ti en la fila.
Ya estabas haciendo amigos, no había tiempo que perder.
Recuerdo un beso rápido y nervioso, ni siquiera te volviste cuando me alejaba,
ya estabas adaptada y feliz.
Esta mañana has hecho tu último examen y me has llamado diciendo:
"Mamá, acabo de terminar segundo de bachiller"...
Me emocioné.
Has disfrutado y crecido tanto durante estos años, que sé lo que significa para tí un día como hoy.
Y no temas, te llevas en el corazón muchos y grandes amigos de los que, te aseguro, nunca se pierden.
Para mi también es especial, hija, porque acabas el colegio,
porque en unos días cumples los 18,
porque vas a estudiar fuera de casa,
porque juntas comenzamos una nueva etapa de la vida.
Sigue irradiando esa belleza que llevas por dentro y por fuera.
Te quiere,
mamá
Algo que declarar?
martes, 8 de mayo de 2012
Le va pasando la vida y ya son cuarenta y tantos. Nunca se sintió mejor.
Sabe de lo que es capaz y se muere por vivir, por cometer locuras, por sentir.
No se ruboriza si tiene que decir "te echo de menos", nada le impide reconocer un "lo siento" y su máxima es reclamar lo que necesita.
Se quiere, quiere y se deja querer.
Ha descubierto que pensar, lo justo, por eso se viste cada día con una sonrisa que puede con todo.
Algo que declarar?Mar
Varado
jueves, 3 de mayo de 2012

Ha pasado varios días varado en el carenado, apoyado en incómodas cunas y manoseado por marineros que con destreza han revisado su motor y eliminado los cientos de moluscos que osadamente se han adherido a su casco.
Una mano de patente, revisión de los ánodos de zinc (maldita corrosión!) y listo para botar...
Ya huele a sol mezclado con salitre y aliñado con viento, es hora de partir.
Dejo por fin las tabernas, los mismos rostros embriagados de soledad, algún que otro escarceo y ese puerto que empieza a aburrir mis ansias de escapar.
Y me dejo llevar por ese balanceo que obliga a fijar la vista en el horizonte, guiada tan solo por una brújula tan loca como mi alma.
Mar
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