
Ser pirata es intentar fortuna en la aventura y yo hace tiempo que no practico el bandolerismo marítimo. Por eso me voy, la rutina me está atrofiando. Esta vez pondré rumbo al Río Nilo, recalaré en sus orillas y me llevaré todo lo que mi entendimiento y capacidad de absorción sean capaces de saquear. Pienso robar hasta el último rayo de sol del especial atarceder africano. Haré mío el aire, el olor de las piedras, las alucinaciones del desierto y los susurros de los faraones. Tal vez mi nave se cruce con la Ramsés III, nuestro eterno enemigo, o quizás sucumba al calor y los mosquitos, pero es lo que quiero, es mi vida.